Santiago tenía seis años cuando sucedió por primera vez, sin embargo lo recordaba perfectamente. Esa mañana unos niños le habían quitado sus juguetes y los habían roto, como eran mayores él no había podido hacer nada al respecto, y simplemente miró mientras los otros niños se burlaban de él y seguían destruyendo sus posesiones más preciadas.
Se pudo de pie y con toda su alma deseó que aquellos niños perdieran las manos para que no pudieran hacerle daño, para que dejaran de maltratarlo de esa manera, en ese momento los tres niños se rompieron un brazo, y gritaron del dolor, eran niños de 7 años que empezaron a llorar al mismo tiempo por que sus brazos estaban de manera inusual y no comprendían que había sucedido.
Una maestra que estaba cerca intentó en vano calmarlos y los llevó a la enfermería, los niños que habían presenciado el hecho pensaron que pegarle a algo o alguien demasiado era malo para los brazos, pero Santiago sabía que era lo que realmente había sucedido.
La mañana siguiente los niños no fueron a la escuela y Santiago se sintió seguro por primera vez en su corta vida escolar.
Ahora 10 años después Santiago había hecho de todo, el primer día en la secundaria había hecho que una niña que se había burlado de él, perdiera un diente y sus zapatos, ya en la preparatoria había hecho que se perdieran exámenes, que se poncharan llantas de varios vehículos y cada vez más se sentía con el poder de hacerle a la gente pagar por sus actos malos (como él los llamaba).
Había crecido con la capacidad de lograr lo que quisiera con respecto a la justicia, si alguien hacía algo malo (o él creía que había hecho algo malo, lo castigaba de alguna manera) él podía lograr cualquier cosa, y lo había hecho siempre, y aunque algunas veces no había explicación a las cosas raras que le pasaban a la gente que de alguna manera lo atacaba, él siempre lograba salir bien librado de sus venganzas.
Ese día estaba parado frente a la mujer de sus sueños, una joven de 15 años que había sido su novia desde hacía casi un año
-estoy embarazada- le dijo con lágrimas en los ojos. Él se quedó en silencio tratando de pensar qué era lo que podía hacer al respecto
-dime algo, estoy embarazada y no sé que vamos a hacer- le gritó con desesperación
-no me grites, además ni siquiera sé si ese hijo es mío- le respondió mientras la sujetaba de los brazos
-¿cómo puedes decir eso?, es tu bebé, yo sólo he estado contigo-
-eso no lo puedo saber- le dijo con frialdad
Se pudo de pie y con toda su alma deseó que aquellos niños perdieran las manos para que no pudieran hacerle daño, para que dejaran de maltratarlo de esa manera, en ese momento los tres niños se rompieron un brazo, y gritaron del dolor, eran niños de 7 años que empezaron a llorar al mismo tiempo por que sus brazos estaban de manera inusual y no comprendían que había sucedido.
Una maestra que estaba cerca intentó en vano calmarlos y los llevó a la enfermería, los niños que habían presenciado el hecho pensaron que pegarle a algo o alguien demasiado era malo para los brazos, pero Santiago sabía que era lo que realmente había sucedido.
La mañana siguiente los niños no fueron a la escuela y Santiago se sintió seguro por primera vez en su corta vida escolar.
Ahora 10 años después Santiago había hecho de todo, el primer día en la secundaria había hecho que una niña que se había burlado de él, perdiera un diente y sus zapatos, ya en la preparatoria había hecho que se perdieran exámenes, que se poncharan llantas de varios vehículos y cada vez más se sentía con el poder de hacerle a la gente pagar por sus actos malos (como él los llamaba).
Había crecido con la capacidad de lograr lo que quisiera con respecto a la justicia, si alguien hacía algo malo (o él creía que había hecho algo malo, lo castigaba de alguna manera) él podía lograr cualquier cosa, y lo había hecho siempre, y aunque algunas veces no había explicación a las cosas raras que le pasaban a la gente que de alguna manera lo atacaba, él siempre lograba salir bien librado de sus venganzas.
Ese día estaba parado frente a la mujer de sus sueños, una joven de 15 años que había sido su novia desde hacía casi un año
-estoy embarazada- le dijo con lágrimas en los ojos. Él se quedó en silencio tratando de pensar qué era lo que podía hacer al respecto
-dime algo, estoy embarazada y no sé que vamos a hacer- le gritó con desesperación
-no me grites, además ni siquiera sé si ese hijo es mío- le respondió mientras la sujetaba de los brazos
-¿cómo puedes decir eso?, es tu bebé, yo sólo he estado contigo-
-eso no lo puedo saber- le dijo con frialdad
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